El pasado 15 de marzo nos fuimos toda la familia a la “cremá” de la falla del colegio de mi hija mayor (tiene 3 años y medio). Es la falla que ves en la foto.
Como puedes observar no es una gran falla, incluso podrías pensar que ni siquiera es demasiado bonita, sin embargo, es la mejor falla del mundo.
Por lo menos es la mejor falla del mundo para sus artífices, los alumnos del colegio; todos, absolutamente todos han participado.
La han diseñado, hecho la estructura, pintado, montado y quemado trabajando en equipo.
Y todos sabían que se iba a quemar, y que el trabajo de 2 meses se esfumaría en apenas 4 minutos, que fue lo que tardé en quemarse.
Sin embargo, durante todo ese tiempo han trabajado con un único propósito, hacer su falla, y mas importante, hacerla entre todos.
He visto como chicos de 14 y 15 años se emocionaban durante la cremá; mi hija cuando llegamos nos dijo “papis, esta es mi falla”.
Pero lo más importante es la hermosa lección que un grupo de chicos me dieron, una lección que no olvidaré jamás.
En la falla no se podía distinguir qué había hecho cada uno, no importaba, lo importante es que es la falla de todos, que la han hecho ellos como un equipo, sin competir, colaborando para crear la mejor falla del mundo.
Lo importante es que colaborando “han creado” algo que compitiendo jamás habrían conseguido.
Es posible que compitiendo la falla ganadora hubiese sido más alta y más bonita, seguro que si.
Pero no seria su falla, seria la falla de un grupo, el ganador de la competición, y en vez de crear algo hermoso, habrían creado ganadores y perdedores, habrían conseguido que el año que viene la gran mayoría no tuviese ni motivación ni implicación para hacer otra falla, habrían destruido un trabajo en equipo.
¿Te suena?, a mi sí, es lo que ocurre habitualmente en la vida y particularmente en la vida laboral; competimos para vender más que el otro, para tener el mejor coche, para ser mejores que nuestra competencia, para que mi equipo sea mejor que el tuyo, etc. y ya sabes cual es el resultado, ganadores y perdedores, crisis, etc.
Me he pasado la mayor parte de mi vida compitiendo, pero hace un tiempo que lo he dejado, prefiero colaborar, me produce mayores satisfacciones y sonrío más.
Y me niego a que mis hijas crezcan en un mundo que se rige por la competición.
Si, ya sé, piensas que mis palabras son muy bonitas, pero que llevarlo a la práctica es muy difícil. No te voy a llevar la contraria, pero sentado y sin hacer nada no puedo mejorar, así que he empezado por explicar a mi hija mayor que lo importante no es quién acaba antes de comer, sino que comamos todos juntos, y saben una cosa, al día siguiente me regaño (a su manera) porque acabé de cenar antes que ella.
Es sólo un granito de arena, pero si sumamos todos nuestros granos podemos crear la mejor playa del mundo.
¿Qué opinas? Deja tu comentario, entre todos seguro que llegamos a conclusiones interesantes.
Gracias por leerme.
Un saludo.
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“Colaborar y ganar frente a competir y perder” ha sido escrito por Pedro Muro para www.arpcalidad.com bajo licencia de Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.

















Que grande eres Pedro, pues si es cierto, mejor colaborar que competir, ya desde pequeños nos enseñan a simplificar, a catalogar a las personas en buenos y malos, listos y tontos, trabajadores y vagos, compitiendo por estar en el lado correcto, compitiendo por atención, por dinero, sin darnos cuenta que lo importante no es estar en un bando u otro, pues lo único que tenemos que sentir es compasión por aquellos que no llegaron a sus objetivos e intentar ayudarles, sintiendonos afortunados por poder ofrecer nuestra ayudar, ya que eso significa que tenemos algo que aportar, sin bajar la guardia y continuamente seguir aprendiendo, pues nunca se sabe suficiente, ser conscientes que las derrotas no existen, solo nuevas oportunidades para avanzar y mejorar, no culpar a nadie de lo que nos ocurra, pues entonces no tenemos oportunidad de cambiar nuestro destino y nos somos dueños de el, somos lo que aprendemos. Me alegro de saber de ti, un saludo.
Hola Mayte,
Gracias por tu comentario.
100% de acuerdo con cada una de tus palabras.
Solo queda una cosa que hacer, luchar por cambiar las cosas.
Besos
Precioso, ilustrativo y certero post…
Y es que colaborando no es que se sume, se multiplica … se generan sinergias, se aprende de lo que no se sabe o se sabe menos que otros … todos crecemos … Competir nos hace obtusos y pequeños, nos limita a lo que sabemos y conocemos, nos lleva a despreciar lo que saben y no conocen otros porque representa nuestras carencias y sabemos que compitiendo ahí perdemos … Pero la realidad es que en las empresas nos piden cada día que compitamos, y no sólo contra la competencia, también entre compañeros …
un abrazo
Berta
Hola Pedro
Gran artículo.
Tal como dijo Deming, la alegría de la fiesta de disfraces se termina en el momento de elegir el mejor: un ganador y muchos perdedores.
Cuando mi hja era pequeña recuerdo que en las fiestas del colegio siempre había competiciones y ella no ganaba nunca . Su grado de frustación se sumo a tener que asumir su enfermedad que le impedía ganar.
Ahora que tiene 25 años, ya entiende la absurdidad de competir en lugar de colaborar.
Saludos cordiales
JM